Jeremy Rifkin y el movimiento de las sociedades marginales de coste cero

Como buen economista comenzó hablando de algo que él enseña en la Universidad de Wharton – Pensilvania – a los futuros directivos: “hay que encontrar y emplear la última tecnología, de modo que ésta te permita reducir el coste marginal que supone la producción de unidades adicionales y de esta manera incrementar los beneficios”. Este fundamento básico de la economía capitalista, dice Rifkin, está en proceso de desaparición. ¿Por qué? Rifkin distingue tres cuestiones que son determinantes para que se produzca una tercera gran revolución en el mundo:

La primera es la energía: Rifkin refirió el espectacular ahorro que va a suponer en unos años el empleo de las energías renovables. Un ejemplo de las posibilidades que éstas tecnologías ofrecen se produce en Alemania donde existen cooperativas de energía gracias a las cuáles los costes de la energía se pueden reducir a cero permitiendo la interconexión entre las mismas que se facilite la intercomunicación vía web, a través de las redes que se crean. La visión sería la de pequeños cientos miles de generadores (cada una de las casas pertenecientes a las cooperativas) de energía eólica y solar produciendo energía y destinando la sobrante a la red para aprovisionar el resto de las instalaciones.

Defendiendo que ello es factible en base a que, al igual que ocurrió con el precio de los PC’s, las células fotovoltaicas y los molinos eólicos están disminuyendo su coste de manera exponencial.

La segunda es la comunicación: Igual que hace algunos años la industria discográfica sufrió el embate de las descargas de música gracias a que millones de jóvenes la compartían en la red, Rifkin sostiene que eso mismo está ocurriendo con los medios de comunicación o con la televisión, gracias a que millones de jóvenes comparten lo que ven, lo que saben o sus opiniones en un blog como el que estáis leyendo ahora, y gracias a que otros tantos, sin copyright ni nada parecido, suben sus videos a Youtube.

La tercera y última cuestión es el transporte: Uber es el primer caso, Blablacar para muchos de nosotros es más conocido. Para hacernos una idea, por cada coche que se comparte se dejan de producir quince. Hay dos billones de coches, incluidos camiones y autobuses en nuestro planeta, Rifkin defiende que dentro de unos treinta años nadie conducirá. Las carreteras inteligentes y los coches eléctricos conformaran el panorama automovilístico.

El cambio ya ha comenzado e incrementará su velocidad cuando el 100% de la raza humana esté conectada a la red – actualmente se encuentra conectada un 40% –. Además se verá sustancialmente impulsado gracias a más de 100 trillones de sensores que nos conectarán tanto a la naturaleza como a cualquier “cosa” que tenga internet (a día de hoy hay instalados 14 billones de sensores en el mundo). El internet de las cosas (IoT) es otro elemento clave para que se produzca la revolución de la que habla Rifkin.

Estos sensores permitirán no sólo saber dónde se necesita regar o reparar alguna cosa, sino que además permitirán recopilar multitud de datos (el famoso Big Data) que a su vez permitirá calcular los algoritmos más idóneos para reducir al máximo costes, tanto de energía como de producción, resultando, si tenemos en cuenta todo lo dicho, que el coste marginal de la producción será cero.

Todo ello nos llevará hacia un escenario donde las personas dejaremos de ser consumidores y pasaremos a ser “prosumidores” gracias a las nuevas tecnologías y a las impresoras 3d. El conocimiento estará en todas partes porque todo estará conectado de manera transparente e inmediata. En este punto Rifkin aludió a que sería deseable que ello fuera con respeto a la privacidad y sujeto a ciertos parámetros legales. Algo que resulta ciertamente complicado de verificar, pero que no debería impedir que siguiéramos avanzando en la dirección que apunta Rifkin.

Rifkin, por último, hizo hincapié en que en lugar de las estructuras verticales de los grupos empresariales nacidos de la revolución industrial la estructuras serán horizontales, de manera que se producirá el fenómeno de la “sharing economy” dando paso a lo que él ha llamado la democratización de la economía, naciendo por primera vez, desde que aparecieron, una alternativa real al capitalismo y al socialismo.

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