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Greengard, el padre del «beso de la alegría»

Paul Greengard, desaparecido recientemente, bautizó con el nombre de «beso de la alegría», la comunicación de las neuronas entre si durante la transmisión de la alegría. Anteriormente, el médico español Santiago Ramón y Cajal, ya había denominado como “besos” a las sinapsis neuronales.

A mediados del siglo pasado, la sociedad científica creía que estas conexiones cerebrales, era un hecho meramente eléctrico. El médico sueco Arvid Carlsson, observó que una sustancia química llamada dopamina, intervenía como neurotransmisor en el cerebro. Greengard continuó los estudios de Carlsson, en las funciones que tenían la dopamina, serotonina y otras sustancias químicas en la sinapsis neuronal.

La acción transcurre en la sinapsis, donde un impulso eléctrico recorre una neurona hasta llegar a su extremo y verter vesículas cargadas de dopamina y otros neurotransmisores, al espacio interneuronal. Una neurona vecina recoge las sustancias segregadas a través de receptores de membrana, provocando una serie de reacciones, que al mismo tiempo generan una señal eléctrica.

Gracias a los descubrimientos de Greengard, se sabe que la química es la raíz principal de muchas
patologías del sistema nervioso
. Estos estudios han facilitado el trayecto ante la búsqueda de nuevas alternativas terapéuticas para tratar la depresión, la esquizofrenia, el párkinson y el alzhéimer.

La dopamina está asociada a muchas funciones en el cerebro. Incluyendo papeles importantes en el comportamiento y la cognición, la actividad motora, la motivación y la recompensa. Elevados niveles de esta sustancia, desencadena una alegría interna, lo que se traduce en sensaciones de bienestar y placenteras para un individuo.

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